COSA DE PRENSA / La Sucesión Presidencial

María Sorté con su hijo Omar García Harfuch

 

  • ‘Testamento Oculto’ de Luis Echeverría
  • Pactaría con Marcelino García Barragán
  • “Los mejores hombres son los militares”
  • Podría surgir el candidato del Ejército

 

Javier Rodríguez Lozano

CIUDAD DE MÉXICO, lunes 25 julio 2022.- Entre Porfirio Díaz a partir de 1876 y Manuel Ávila Camacho hasta 1946, de la veintena de presidentes que tuviera México 14 serían militares, que construirían un país distinto al de los civiles, devorados por el no saber hacer las cosas.

Carlos Pozos, Lord Molécula, recién viajó invitado a sesión solemne del Congreso de Colombia y una de las notas que generó dice en su encabezado:

“La Fuerza militar en México es un ejemplo: César Augusto Parra León”.

Y describe:

“En reunión con legisladores mexicanos, José Henry Pinto Rodríguez, general retirado de la Fuerza Aérea colombiana, compartió sus puntos de vista respecto al tema de la seguridad y el narcotráfico, consideró que México está viviendo la época que Colombia vivió con Pablo Escobar (Gaviria), mientras que César Augusto Parra León, Brigadier General del Ejército, retirado, con 36 años de servicio, expresó que el Ejército Mexicano es hoy un ejemplo”.

Esto nos da oportunidad en este espacio -decimos nosotros- de cumplir con una deuda que tenemos con nuestro amable auditorio, contraída el pasado 11 de julio cuando dijimos que, “al igual que con Carlos Salinas de Gortari que pactaría con el PAN de Manuel J. Clouthier en 1988, a cambio de ceder la Presidencia a Fox-Calderón, Luis Echeverría pactaría con el Ejército cuando amenazaba retirarle su apoyo en 1969, pero José López Portillo y Miguel de la Madrid, ‘madrugarían’ y Javier García Paniagua se autoexiliaría en el ostracismo del cual nunca volvería”.

“Sospechamos que el dato cobrará actualidad”, también dijimos entonces y planteamos que:

“Andrés Manuel López Obrador podría saldar aquella vieja deuda de Luis Echeverría Álvarez, cuya tristemente célebre administración cobijara su ingreso a la política como delegado del Instituto Nacional Indigenista en Tabasco, a las órdenes de Ignacio Ovalle Fernández, que tan mal quedara con la 4T”.

Por ello es que creemos que llegó el momento de pagar aquella deuda, sobre “el “Testamento oculto de Luis Echeverría Álvarez”, antes “El verdadero chacal de Tlatelolco” y hoy, “el impune perfecto”, porque se fue sin pagar ninguna de las sangrientas facturas que quedó a deber, mejor conocidas como la Masacre del 2 de octubre en Tlatelolco y el halconazo del 10 de junio de 1971.

El 23 de noviembre de 1969 LEA visitaría como candidato presidencial priista la Universidad Nicolaíta en Morelia, que llevaba tres años en conflictos por lo que estaba más caliente que el infierno (igual que la UNAM, aquel 14 de marzo de 1975, cuando “jóvenes fascistas” lo descalabraran).

En la máxima casa de estudios moreliana, alguien invitaría al entonces candidato Echeverría, a guardar un minuto de silencio en memoria de los estudiantes, la gente del pueblo y los soldados caídos el 2 de octubre en Tlatelolco.

Aquello nunca se lo perdonó el Ejército.

¿Cómo estaba México en aquellos días?

Carlos Betancourt Cid, en su estudio México contemporáneo 1912, Cronología 1968-2000. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, lo describe con mucho colorido.

El conflicto estudiantil -decimos nosotros- que culminaría con la matanza del 2 de octubre de 1968 calentaría motores desde el 3 de febrero anterior, cuando la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED) organizara la Marcha Estudiantil por la Ruta de la Libertad, que exigía liberaran a los presos políticos y reformas universitarias; el 6 siguiente, el Ejército disuelve aquella agrupación y encarcela a sus dirigentes.

Primero de los dos ensayos claves: Movilización estudiantil y la represión urdidas y ordenada por Luis Echeverría al general Marcelino García Barragán, sin que Gustavo Díaz Ordaz se enterara, decimos nosotros.

El 23 de abril un comando libera de la prisión de Iguala a Genaro Vázquez Rojas, líder de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR).

El 15 de junio el sindicato de profesores de la UNAM se va a la huelga en demanda de aumento salarial, que se resuelve en su favor con un 15% de aumento una semana después.

El 26 de junio 450 fábricas de la Coalición Obrera Textil se van a la huelga, en demanda de la revisión del contrato colectivo de trabajo. El Congreso del Trabajo, controlado por Fidel Velázquez, pide la nacionalización de la industria textil.

El 19 de julio el Grupo Guerrillero del Pueblo Arturo Gamiz, quema el aserradero El Salto de Villegas y el Ejército se despliega en la Sierra de Chihuahua.

El 22 de julio estudiantes de la Issac Ochoterena y de la Voca 2 del IPN en la Cuidadela se agarran a golpes, intervienen los granaderos y golpean al alumnado.

Del 23 al 25 de julio el Ejército también agrede a los estudiantes de ambos bandos y eso detona el conflicto estudiantil.

Del 18 al 30 de septiembre el Ejército ocupa Ciudad Universitaria y encarcela a más de 500 personas; el 31 de septiembre el Ejército, desplegado con más de 10 mil soldados, carros tanque y equipo pesado, devuelve también a las autoridades académicas la Escuela de Agricultura de Chapingo del IPN.

El historiador Betancourt Cid escribe en su Cronología 1968-2000:

“El 2 de octubre, se organiza una concentración cívica convocada por el CNH (Consejo Nacional de Huelga) en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco. La confusa intervención violenta del ejército resulta en una masacre contra los asistentes. Marcelino García Barragán, secretario de Defensa, declara: ‘El comandante responsable soy yo”.

Aquella expresión del general villista García Barragán sería el pretexto para que el candidato Echeverría se decidieras a guardar un minuto de silencio en la Universidad Nicolaíta, sin pensar que con ello estaba culpando al Ejército por los excesos del 68, lo que encolerizaría a don Marcelino y solo se lo perdonaría como enseguida relatamos.

Diez días después se inauguran los XIX Juegos Olímpicos y la sangre del 68 se coaugula en la contienda deportiva, hasta la clausura el 27 de septiembre siguiente, con México en 15avo. lugar.

El 29 de septiembre el Ejército entrega el IPN.

El 14 de noviembre siguiente Genaro Vázquez Rojas forma una guerrilla y se interna en la Sierra de Guerrero.

Dos días después ocurre el deceso de Vicente Lombardo Toledano, fundador de la Confederación de Trabajadores de México con Fidel Velázquez.

Con tres puntos porcentuales menos que los profesores universitarios, es decir, un 12% de aumento salarial, concluyen su huelga las más de 400 fábricas de la industria textil.

El 18 de mayo de 1969 se registra el primer desaparecido reivindicado en México: Epifanio Álvarez Rojas es hecho prisionero en el estado de Guerrero.

El 4 de junio muere en un accidente aéreo Carlos A. Madrazo, líder nacional del PRI quien buscaba la renovación democrática de su partido (aspiraba a la candidatura presidencial y el atentado fue atribuido a Echeverría).

4 de septiembre de 1969 se inaugura la Línea 1 del Metro, misma que hoy está en mantenimiento.

El 21 de octubre el PRI nombra su candidato presidencial a Luis Echeverría.

Pancho Graue, colaborador de Thebunker.mx-publicó el pasado13 julio:

“Luis Echeverría, que era visto con reserva por el Ejército Mexicano, conquistó al general Marcelino García Barragán, se entendieron, y LEA fue el presidente que más benefició al Ejército. Hasta que llegó AMLO.

“López Obrador ha sido especialmente cuidadoso y ‘generoso’ con las fuerzas armadas, no alcanzaría esta columna para describir el alcance y las tareas asignadas al Ejército y a la Marina. Urge restituir su reputación, si no, nos arrepentiremos todos. Ellos, los primeros”.

García Barragán siempre se equivocaba de canicas, jugaba con las perdedoras, presidiría el partido de Miguel Enríquez Guzmán, quien perdería frente a Miguel Alemán, y se diría que por eso había sido destituido como gobernador de Jalisco el 17 de febrero de 1947, pero no fue así: se negaría a firmar el plan sexenal.

Reaparecería en 1950 como presidente de la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano, para apoyar a Enríquez, esta vez contra Adolfo Ruiz Cortines.

Pero como hubo fraude -obvio- amenazó con un levantamiento armado, pero se retiraría a la vida privada. En 1960 el presidente Adolfo López Mateos lo reincorporará al Ejército, recomendado por Lázaro Cárdenas.

En 1960 GDO lo nombraría secretario de la Defensa. Después de Tlatelolco 68 se retiraría definitivamente a la vida privada. Lo mismo haría su hijo, Javier García Paniagua cuando LEA traicionó su ‘Testamento oculto’ y le pidiera a su amigo José López Portillo que se postulara; y seis años más tarde ambos, empujarían a Miguel de la Madrid.

En política hay deudas que nunca se olvidan y ésta es una de ellas.

LA COSA ES QUE…

Después de lo de la Universidad Nicolaíta Echeverría busco al general García Paniagua para apaciguarlo, porque le exigía al presidente Gustavo Díaz Ordaz que cambiara de candidato, y cuando el poblano se decidió ya era demasiado tarde.

Don Marcelino recibiría al candidato presidencial del PRI en su rancho de Autlán, Jalisco, y aceptaría la propuesta de Echeverría: de apoyar al candidato que él sugiriera al terminar su mandato en 1976.

Aquello fue lo mismo que Salinas ofreciera en 1988 a Diego Fernández de Ceballos, Luis H. Álvarez, Carlos Castillo Peraza y Luis Felipe Bravo Mena; con la oposición de Manuel J. Clouthier, lo que le costaría la vida al recio Maquío.

Por eso fue que Javier García Paniagua se retirara a la vida privada después de 1982, cuando asumió Miguel de la Madrid.

Podría ser, podría no ser; la política es así, impredecible, y más en la 4T donde todo es inimaginable siquiera.

Por eso es que nos preguntamos:

¿De quién sería la candidatura del Ejército para 2024?

¿Omar García Harfuch haría lo mismo en 2024 que su padre en 1982 y su abuelo en 1947? ¿O terminaría lo que aquéllos dejaron a medias?

Qué tal.

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