COSA DE PRENSA

 

  • El Cardenal de la calle Palma
  • Las campañas presidenciales
  • Cuando volar era algo común

 

Javier Rodríguez Lozano

 

AGUASCALIENTES, Ags., jueves 19 de abril de 2018.- En aquella gira que un grupo de reporteros hiciéramos a Mexicali en 1993 con el secretario de Educación Pública, Ernesto Zedillo Ponce de León, nos permitió conocer a algunos de los amigos de quien todavía no explayaba sus aspiraciones presidenciales. Había pasado mucho tiempo de aquel desayuno en el restaurante El Cardenal, de las calles de Palma, en el Centro Histórico de la Ciudad, donde me tocara sentarme a su lado y al ver la vajilla –el plato, la tasa, las servilletas- con un tenedor señalé uno de esos utensilios que tenía la leyenda de “El Cardenal” y le dije al secretario que apenas unos meses atrás había desaparecido la Secretaría de Programación y Presupuesto, de donde salieran todos los proyectos de la globalización económica: “Mire, doctor, aquí dice ‘El Cardenal’, creo que se refiere a Usted”… Con el tiempo aparecería una portada de la Revista Siempre!, del genial caricaturista Carreño, en la que se veían a los tapados Manuel Camacho Solís, Pedro Aspe Armella, Luis Donaldo Colosio y Ernesto Zedillo, bailando en torno a una gran capucha, pero ya para aquellos meses previos la sucesión presidencial estaba en marcha y todos y ninguno eran presidenciables… Bueno, de Mexicali, un pool de reporteros (no más de cinco) abordamos una avioneta de la Fuerza Aérea Mexicana: Fernando Sánchez Márquez, de Notimex; creo que Juan Gerardo Reyes, de Excélsior y yo, de El Universal, tomamos nuestros lugares en la aeronave. Minutos después abordaría Ernesto Zedillo. Pasó de largo, nos saludó y de inmediato se metió al camarote principal instalado en la parte trasera de la cabina. Volamos y en horas del atardecer aguascalentense ya estábamos en el aeropuerto Jesús Terán, de la tierra de José Guadalupe Posadas. Y nos fuimos al evento en el estadio de beisbol, donde aguardaba la dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo. El punto de este relato es que ningún observador llevó este detalle a los periódicos, y menos algún periodista lo incluyó en sus crónicas: Desde entonces, desde principios de 1963, el secretario Zedillo volaba en aviones de la Fuerza Aérea Mexicana y su personal de resguardo era militar; en otras palabras, ya se cuidaba a quien se perfilaría finalmente, en una carrera muy azarosa, hacia la Presidencia… Otro vuelo que tampoco tuvo ningún impacto mediático que engordara el caldo de la sucesión presidencial, como ahora se pretende hacer con el taxi aéreo del Peje, fue aquella vez que a bordo de una avioneta aterrizamos con Manuel J. Clouthier, Luis H. Alvarez, Luis Felipe Bravo Mena y Xavier Abreu, el yucateco líder estatal panista, en el aeropuerto de Mérida. Aquella ocasión las campañas presidenciales de Maquío y de Carlos Salinas de Gortari, coincidirían en la tierra de Guty Cárdenas. Algunos reporteros curiosos nos acercamos el mitin de Salinas y no llegó ni al 30% de la asistencia que Clouthier tendría en el suyo. Bueno, ahí –coincidentemente- terminaba una etapa de las dos campañas y se rompía la taza y cada quien se iba para su casa. Fidel Samaniego (+) y Víctor González, mis compañeros de El Gran Diario de México que cubrían la campaña de Salinas, me invitaron. Abordé el avión de prensa de la campaña, entonces Salinas traía un avión a disposición de los periodistas, y aterrizaríamos poco después en Cancún, donde nos recetamos un plácido fin de semana de descanso, para luego continuar en las campañas… Otra ocasión, el secretario de Agricultura, Francisco Labastida Ochoa, nos invitaría a hacer unos reportajes sobre el agro en cinco estados del país en cuatro días: San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Chihuahua y Baja California. Como que estaba muy apretada la agenda y por supuesto que por carretera iba a ser imposible cubrir las cinco entidades en tan solo cuatro días. El dilema se revolvió con un taxi aéreo para nosotros. Y aun así, las prisas nos dieron un susto tremendo: Volar por los aires del Triángulo Dorado después de las tres de la tarde es muy peligroso.

LA COSA ES QUE…

Nosotros volamos a las cuatro de la tarde y estuvimos a punto de estrellarnos al bajar a un poblado de la Sierra Tarahumara, con dos largas hileras de árboles a los lados de la pista; los vientos nos aventaban a uno y otro lado, pero logramos sobrevivir para contarlo; qué tal.

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