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Cómo ganar una batalla en silencio
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Ningún Presidente lo había logrado
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Con y sin aranceles México es otro
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¿Quién gobierna al mundo?
Javier Rodríguez Lozano
CIUDAD DE MÉXICO, viernes 4 abril 2025.- ¿Qué sentirán aquellos que no aman a México, que se alegran si le va mal, y que ahora está, ante el azoro de propios y extraños, entre los más importantes de los 200 países agrupados en la ONU?
Aquí, en COSA DE PRENSA, lo hemos documentado muy puntualmente, desde 2016 y 2020, tanto por un lado el perfil apolítico, inescrutable e incomprensible de Donald Trump, sin embargo, con una misión también histórica; y el gran secreto -la serenidad, siempre la serenidad y serenidad por encima de todo- de la primera mujer presidenta de la República, que así supera, en tan solo un semestre, prácticamente a sus antecesores, desde 1821 con Guadalupe Victoria, hasta nuestros días: Claudia Sheinbaum Pardo.
Nos recuerda la historia que, partir de la Independencia de México, los desacuerdos de alianzas comerciales con otros países, obligaban a nuestro país a tomar decisiones ajenas a su sentir y eran sus socios los que más impactaban negativamente en su soberanía, seguridad, comercio, en todo prácticamente.
EEUU, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania y Gran Bretaña, apretaban siempre a nuestro país a tolerar el comercio desigual, como Inglaterra, que era -y sigue siéndolo, pero en las sombras- la mayor potencia mundial, con colonias en África y Asia, con las mayores fuerzas armadas.
En 1826 México formalizó un tratado con el Reino Unido, que nos invadiera, además de lo comercial, estipulaba también frenar la expansión estadunidense, engañando porque EEUU era su principal protegido.
De 1821 a1854 México y España mantuvieron relaciones conflictivas -igual que hoy- derrotando a los españoles en 1825, con la ayuda de los británicos y dos años después, surgió uno de tantos malos mexicanos que hoy abundan, como el fraile Joaquín Arenas, que intentara infructuosamente regresar a los virreyes al poder.
México expulsaría a los malos mexicanos, españoles, y promulgó la Ley de Expulsión, por lo que Isidro Barradas intentara en Veracruz la reconquista, pero fracasaría.
Igual que hoy, el rey Felipe VII de España, Fernando VII no reconocería a México, sino -en su caso- hasta su muerte. La paz entre ambas naciones vendría hasta 1836, seis años después que Francia reconociera a México por sus alianzas comerciales de 1827 y 1831, sin embargo, no reconocidos por el Congreso mexicano.
La Guerra de los Pasteles de 1839 fue la cuarta intervención extranjera en México, y la cuarta, también francesa, para apoyar a Maximiliano, promovido también por España e Inglaterra, lo que llevara a Benito Juárez a suspender el pago de la deuda en 1861.
Pero antes, en 1836 y 1848, iniciaría la voracidad estadunidense por la mitad de las tierras mexicanas, y con la ayuda otra vez, de los malos mexicanos, arrebató a México los territorios de Texas y la invasión a la Ciudad de México, una de las más injustas de la historia, a la espera de que en este tercer milenio, el Gobierno de México busque en la jurisprudencia internacional, que cambiará de estructura en cualquiera momento, su devolución; algo que a su tiempo, ocurrirá, no lo dude.
Un día no muy lejano, el nuevo orden mundial estudiará el expediente que inicia en 1846, cuando el presidente James Folk da la orden de invadir a México, se debatirá a una nueva corte internacional aquel despojo histórico, con muy amplias posibilidades de restitución.
Pero la rapacería estadunidense no terminaba ahí, en 1914, sus tropas desembarcaron en Veracruz, a la orden de Woodrow Wilson y presuntamente para frenar la Revolución Mexicana, a la que en 1909 promoviera el presidente William Taff, cuando Porfirio Díaz le negara instalar una base naval en Ensenado y otros caprichos expansionistas; esta vez, en apoyo de Victoriano Huerta y contra Francisco I. Madero, que culminaría con su apoyo a Venustiano Carranza.
Es decir, en esta breve síntesis histórica, no lo vemos, pero existió, inobjetable vasallaje de los presidentes mexicanos a Estados Unidos. Por supuesto, Benito Juárez, Lázaro Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, levantaron la voz, pero no impidieron la pérdida de medio país en 1848, ni la pérdida en 2018 de la Expropiación Petrolera de 1938, ni el bloqueo estadunidense de 2018-2024.
Claudia Sheinbaum es otra cosa.
¿Tendrán idea lo que significa la expresión presidencial de Sheinbaum, cuando afirmara ayer, al explicar el no aranceles a México:
“Aunque algunos no quieran reconocerlo, tiene que ver con la buena relación que hemos construido entre el Gobierno de México y el gobierno de los Estados Unidos, que se basa en el respeto: respeto a nuestra soberanía, colaboración, coordinación, pero con respeto a México, a las y a los mexicanos, y a la soberanía nacional, y eso ha permitido que México no tenga aranceles adicionales”.
Las amenazas de Donald Trump contra México empezarían mucho antes de su toma de posesión el 20 de enero pasado, cuando quería apoderase de Groenlandia y anexar a Canadá, y mandar sus tropas a buscar delincuentes en Sinaloa, además de detenerlos sin informar a México.
¿Qué hubieran hecho en este caso un Vicente Fox, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto? El ridículo que ya es histórico.
México prosperará en muy poco tiempo, con el ideario sheinbaumista, con y sin aranceles; si en 1826 cuando se aliara a Inglaterra y despertara la ambición también de toda Europa, en 2025, con alianzas en todo el orbe, México progresará con apoyo del pueblo mexicano.
Claudia sabe que “el supremo arte de la guerra es conocer las intenciones de tu adversario y adelantársele”, como aconsejaba Sun Tzu, filosofía china que está empoderándose en el nuevo orden mundial.
Y también sabe ¿quién gobierna al mundo?, como escribe Daniel Estulin sobre “Una mirada a la élite global”, que ya no es Estados Unidos, porque entendió que los disparates de su homólogo estadunidense no son más que “patadas de ahogado”, que desglosa Estulin en su libro del mismo nombre, en el que cita:
“Los proyectos globales están por encima de los países” e identifica a China como “El epicentro del mundo”, con un proyecto que entiende que “los países tienen que estar unidos por un profundo sentido de unidad, en un destino común, en el que el primer paso es que todos se respetan y se tratan como iguales, algo que tú no puedes hacer si te consideras superior. Y el segundo paso es crear para todos los países formas beneficiosas que desarrollen ese destino común… Xi Jinping no es el planificador, sino uno de los jugadores en esa mesa”.
El multilateralismo, decimos nosotros en este espacio, es el nombre del proyecto chino que ha desplazado al neoliberalismo occidental y al que México se ha alineado desde ya algún tiempo.
¿Quién gobierna al mundo?, en la opinión de Daniel Estulin, acallada en las redes sociales, se lo detallaremos en otro momento.
LA COSA ES QUE…
Causas de fuerza mayor, principalmente de salud por un lado, de astringencia comercial por la otra y de mantenimiento técnico por último, nos han llevado a esporádicas suspensiones de la edición de COSA DE PRENSA.NET, en momentos históricos para México, pronto la regularizaremos.
Por ello, una disculpa a nuestros dos o tres seguidores, porque nosotros -en parodia a Daniel Estulin- solo escribimos para inteligencias al servicio de la inteligencia de mente abierta y que también ama a su país como el nuestro, a partir de ya, ahora sí, de primer mundo, aunque se enojen las ignorancias.
Qué tal.