COSA DE PRENSA

 

 

  • La Nacha, la Viuda Negra
  • Rina Lazo y Mika Seeger
  • Un amigo de entonces

 

Javier Rodríguez Lozano

 

AGUASCALIENTES, Ags.,  viernes 8 de junio de 2018.- “Con 23 años de edad nunca me imaginé que algún día estaría en la cárcel, conviviendo con otras reclusas, algunas de ellas de mucha peligrosidad, como decían que era ‘La viuda negra’. Su apodo lo decía todo, estaba acusada de haber matado a sus maridos. Sin embargo, a mí no me parecía peligrosa, no había nada en ella que la delatara como una asesina serial. Me parecía alguien normal, a mí me trataba bien. Pero luego, al salir de la cárcel dos años después de que fuera secuestrada y recluida en Santa Martha Acatitla, confirmaría que su amiga “La viuda negra” había sido otra víctima más de la violencia del abuso del poder. “Y con esto termino Javier, porque no sabes cuánto me cuesta recordar todas esas cosas que tengo grabadas en mi memoria desde hace 50 años”, me dijo Ana Ignacia Rodríguez Márquez, mientras saboreábamos, ella un sangría sin alcohol y yo un café en Sanborn’s Francia, el pasado viernes, hace ocho días… Fueron más de 40 años los que nos perdimos en la distancia y en el tiempo, La Nacha y yo. Pero todo fue volvernos a conectar, a enchufar, y como en la cinematografía empezaron a correr, cuadro por cuadro, algunos o muchos de aquellos momentos, no obstante, bellos recuerdos. Por ejemplo, nuestro encuentro en la casa de huéspedes de Lupita Galindo, en Independencia 67, edificio que sería sepultado por los terremotos del 85. Con ella, La Nacha se hospedaba también ahí Amanda, una joven guerrillera guatemalteca, de la corriente del padre de Rigoberta Menchú. Ya imaginamos lo que nos platicará cuando le pidamos que nos relate cómo sería detenida aquel 2 de enero de 1969, en la casa de la pintora guatemalteca Rina Lazo, discípula de Diego Rivera y casada con el muralista Arturo García, alumno también de Frida Khalo, junto con Mika Seeger, hija del cantante estadunidense de música de protesta, Pete Seeger… Como pudimos ver en otros textos de un compañero de los años 80 del periódico La Prensa, con respecto de la autenticidad de las crónicas de Elena Poniatowska acerca de 1968, esta vez, en el reencuentro que tuvimos con La Nacha hace una semana aquí en Aguascalientes, nos comentó no estar tampoco muy de acuerdo con la novelista. Como sea, Roberta Avendaño “La Tita” y Ana Ignacia Rodríguez Márquez, fueron las mujeres más populares del Comité Nacional de Huelga de 1968. Lamentablemente, problemas de obesidad causaron el deceso de La Tita y sobrevive La Nacha que ha conmovido a los públicos en sus conferencias, tanto en México como en Estados Unidos, donde relata cómo 1968 marcó el inicio de los cambios democráticos de México, aunque todavía se tardaría casi una década más para que se abriera el sistema político a los partidos de oposición, pero surgirían antes las primeras organizaciones no gubernamentales, en defensa de los derechos humanos, la libertad de expresión, la revolución sexual… Los 60s, podrán corroborarlo quienes los vivieron, fueron años en que la participación de la mujer era muy limitada, acaso tres o cuatro había en cada una de las facultades de la UNAM, como Roberta y Ana Ignacia en la de Derecho. En sus conferencias La Nacha subraya una y otra vez: “Y siempre digo que nosotros no valemos nada frente a las verdaderas heroínas del movimiento estudiantil. Esas mujeres anónimas, esas mujeres cuyos nombres no salen, que no son reconocidas, pero algunas dieron sus vidas y muchas, no sé si por temor o por sus hijos, no aparecen ante las cámaras ni hacen presencia pública”. Es muy probable que nuevamente, en este Cincuentenario del Movimiento Estudiantil de 1968, La Nacha vuelva a reflexionar acerca de cómo estaba México hace medio siglo y cómo está ahora: “Si hubo algún cambio, si hemos avanzado en las libertades democráticas, se debe a ellas, las mujeres del 68”.

LA COSA ES QUE…

La Nacha vino a Zacatecas a entrevistar a la mamá de Enrique, otro sobreviviente del 68, y pasó a Aguascalientes a platicar con nosotros, un amigo de entonces; qué tal.

 

 

 

 

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