De Memoria

De Memoria

ENTRE MENTIRAS Y FANTASÍAS (2)…

Carlos Ferreyra Carrasco

CIUDAD DE MÉXICO, jueves 11 octubre 2018.- En la década de los años 40, finalizando la Segunda Guerra Mundial, había una publicación que era infaltable en las peluquerías elegantes de Morelia, “Sucesos para Todos”. Se trataba de un semanario que reproducía las grandes batallas con las que los gringos estaban apaleando a los nazis y a los nipos, casi todas ellas en el mar.
Ocasionalmente aparecía algún episodio con soldados italianos principalmente en el norte de África pero en todos, sin variable alguna, los héroes era los estadunidenses güeros, altos, atléticos, simpáticos, piadosos y sí, a lo mejor por allí se les colaba un chistoso coronelito británico de pequeña estatura, fumador de pipa y con monóculo.
Estereotipos que nos llevaban de la mano al cine para mirar las impresionantes hazañas en blanco y negro en las que franceses y otras nacionalidades mostraban cierta suciedad corporal mientras los anglos eran impecables y siempre bien planchaditos, hasta cuando le metían la bayoneta al cuerpo a su enemigo. Aclaro: también los boches o nazis era un grupo muy cuidadoso en su presentación. Cuestión de razas, supongo, tampoco eran latinos.
En la primaria teníamos un compañero que le causaba gran simpatía al maestro J. Trinidad Gallardo, porque lo interrumpía, lo corregía y cuando el profesor le preguntaba de dónde sacaba tal cuestión, respondía: “Lo leí en Chuchesos, maestro…”
Allí apareció en mi vida tal publicación. Años más tarde y cuando me ilusioné conque podría ser periodista, acudí a las oficinas de Gustavo Alatriste, al que no conocía, y le pedí que me dejara escribir y que no cobraría. La respuesta fue genial y hasta la tomé en serio: “Sucesos es una publicación responsable y todo lo que publica lo paga”.
Total, tras algunas peripecias me hice cargo de la secretaría particular del dueño del semanario y propietario además del quincenario La Familia, la revista mexicana de mayor circulación nacional y extranjera. Muerta, dígase así, en el afán modernizador de Alatriste que contrató un director argentino y en pocas quincenas, en tres o cuando mucho cuatro, tuvo que cerrar la publicación. Será motivo de otro cuento.
Alatriste era el responsable de compras en la Secretaría de Salubridad. A pesar de cercanía con el presidente Adolfo López Mateos no aceptó un cargo mejor. Sabía muy bien lo que hacía y a dónde quería llegar.
Su esposa era Ariadna Welter, una actriz hermana de otra actriz pero de Hollywood, ambas hijastras del titular de Salubridad. A ellas les compuso Renato Leduc el célebre verso en que asegura que bailaron desnudas las hijas del señor ministro ante el señor presidente… no es textual, aclaro.
Ante el impresionante saqueo en el área que manejaba Alatriste, hubo muchísimas voces que pedían la cabeza del secretario; el empleado de Salubridad desayunaba diario en San Jerónimo con el señor mandatario. Ese día lo dejó tomar asiento, le sirvieron un café y antes de empezar a comer, el presidente le dijo: Gustavo, aquí hay dos pasajes para Europa, uno a tu nombre y el otro para quien tú digas. Te vas por lo menos mientras dure mi gobierno, tendrás recursos en abundancia para vivir allá. Espero mañana tu respuesta.
Esa noche Alatriste acudió a un compromiso social. Allí conoció a un revistero que se mostró adolorido porque decía de sus hijos, un par de inútiles que lo único que esperaban era su muerte para gozar de la herencia. Jordy Sairols el señor en cuestión y las revistas, las mencionadas. En alguna parte de la conversación dijo que vendería las publicaciones. Alatriste ofreció la adquisición inmediata. El precio, cinco millones de pesos y la condición de que en el número en proceso apareciera su nombre como director general.
Al siguiente día acudió con López Mateos, al que dijo que no se iría a ninguna parte y que el presidente de México no tocaría a un periodista y mucho menos lo expulsaría. “Eso podría convertirse en un escándalo internacional”, advirtió.
Don Adolfo pensó que se había deschavetado pero un oportuno ayudante al que Alatriste había dotado de un recién impreso ejemplar de la publicación, le mostró el novedoso oficio del hasta entonces mueblero: director de importante medio de publicidad y de información.
Permaneció en México, se separó de su esposa y se alió con Silvia Pinal en uno de cuyos edificios montó la empresa editorial. Entregó la dirección a Gabriel García Marques que editó un reportaje seriado de 52 números sobre Fray Escoba, personaje en boga inclusive en la televisión y que debió salir de la publicación cuando quiso añadir a este éxito la serie sobre la Virgen de Guadalupe. La furia de los compañeros del PCM lo impidió.
Así que no hubo, como se dijo, un consenso de periodistas llegados de todo el país e incluso de Cuba para formar la revista, ya antigua y que fue depositada en manos de Raúl Prieto y Río de la Loza, quien le imprimió su carácter revolucionario, de denuncia y la puso en la mente de los lectores, que la habían abandonado tiempo atrás.
carlos_ferreyra_carrasco@hotmail.com

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