MÉXICO: LA PRENSA BAJO AMENAZA*

MÉXICO: LA PRENSA BAJO AMENAZA*

En México, ser periodista de investigación se ha convertido en un verdadero peligro. Los asesinatos y las presiones de poderes fácticos hacen temblar a la prensa especializada.

Marco Lara Klahr

CIUDAD DE MÉXICO, viernes 19 de 2019.- En una situación estructural en la que día a día se verificanmayores restricciones a la libre expresión, el ejercicio de la profesión periodística en México vive hoy su momento más sórdido. Habida cuenta de los diversos fenómenos de los últimos tiempos, es posible afirmar que el periodismo se encuentra inmerso en los siguientes fenómenos:

– la cooptación, el acoso y la violencia directa perpetrados por funcionarios públicos y delincuentes (casi siempre asociados entre sí);

– la precarización laboral ocasionada por una industria noticiosa dependiente no de sus audiencias sino del dinero público, y cuyas políticas editoriales exponen a periodistas a riesgos de violencia e instrumentalización política y económica;

– el sometimiento ideológico, político o pragmático a fuentes oficiales o de poderes fácticos, cuyas informaciones se procesan y publican industrialmente sin estándares deontológicos específicos;

– un acelerado descrédito social (no siempre inmerecido).

Todos estos factores, que inhiben la práctica y el florecimiento del periodismo especializado, constituyen un conjunto de síntomas directos o indirectos de lo que, al analizar los medios latinoamericanos, el teórico de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Manuel Alejandro Guerrero, denomina con envidiable precisión «sistema mediático liberal capturado». En este sistema, «el clientelismo los inserta [a los medios] directamente en el proceso político, al permitir a sus dueños aliarse con grupos políticos particulares, utilizar sus propias organizaciones para intervenir en la política (…) y utilizar sus relaciones para reducir o evitar los efectos inconvenientes de la regulación. Además, el clientelismo contribuye a obstaculizar el desarrollo de prácticas informativas profesionales».

A propósito del parteaguas de la violencia generalizada contra periodistas en el país (que data aproximadamente del año 2000),escribía hace una justo una década: «En el lapso entre 2000 y agosto de 2007, 38 colegas murieron violentamente o sufrieron desaparición forzada. De estos, 33 sucumbieron a tiros o puñaladas, envenenados, arrollados, quemados o desaparecidos».

A finales de abril pasado, en un completo y útil resumen, Azam Ahmed apuntaba desde The New York Times que «México es uno de los peores países del mundo para ser periodista hoy. Al menos 104 periodistas han sido asesinados en este país desde el año 2000, mientras que otros 25 han desaparecido, presumiblemente asesinados. En la lista de los lugares más mortíferos del mundo para ser reportero, México cae entre la nación devastada por la guerra que es Afganistán y el Estado fallido de Somalia. El año pasado, 11 periodistas mexicanos fueron asesinados, la cifra más alta del país en este siglo».

Aunque no es solo asunto de cifras cada día más siniestras,rankings de la devastación galopante o predecibles narrativas escalofriantes de sangre, silencio, dolor y muerte, lo antedicho refleja con claridad esta atmósfera compleja en la que ciertos grupos de los poderes políticos, públicos, económicos y criminales conjuran contra el derecho del público a la información, dejando en la mayor indefensión a las y los periodistas investigativos. Como muestra, alcanza mencionar que desde principios de la década pasada, la violencia contra líderes del periodismo de investigación ha crecido exponencialmente en todo el país –lo que contrasta con el eco social realmente limitado.

*) Tomado de:

México: la prensa bajo amenaza*

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