COSA DE PRENSA

COSA DE PRENSA
  • Los frutos de la persistencia
  • Descubiertos por el espíritu
  • Garganta profunda totonaca

Javier Rodríguez Lozano

CDP-jrlAGUASCALIENTES, Ags., sábado 28 de mayo de 2016.- Ayer dijimos que habían merodeado ahí, en el lugar de los crímenes de Garibaldi,  tres ensombrerados sujetos, vistos por ojos “aéreos”, como si fueran drones con videocámaras que los seguían a donde iban… De todos los comandantes de Trinidad Gutiérrez Sánchez, jefe judicial de la procuradora Victoria Adato Green, José Luis Villuendas era el más irregular, no se podía confiar y menos en sus muchachos, pero gracias a policías como él aprendí a investigar. Tan pronto desaparecía del lugar la última patrulla de judiciales, empecé a caminar por ahí y a tocar puertas: “¡Hola, qué tal! Soy Javier Rodríguez Lozano de La Prensa y ando preguntando qué pasó en este barrio anoche, mataron al tlapalero, a su esposa y a su sirvienta. ¿Usted vio algo? ¿Sabe algo?” Aquellas preguntas recibían solo socarronería y conmiseración. Sin embargo, la persistencia y la paciencia siempre rinden frutos, aunque los que yo me iba a encontrar eran increíbles, de otro mundo, sobrenaturales… En uno de los comercios donde pregunté una mujer me escuchó con mirada de hierro. De pronto cerró los ojos y al abrirlos me dijo: “Espérame por favor, ahorita estoy ocupada pero te voy atender”. Yo me sentí afortunado porque finalmente alguien parecía estar dispuesto a hablar. Me senté en una silla del negocio, minutos después apareció la hija de la señora, que empezó a recibir tremenda regañada. No había llegado a dormir por irse de parranda con sus amigotes. “¡Por fin te apareces! Necesito que te quedes aquí, voy a platicar con este joven”, le dijo y la hija, de mala gana se sentó tras el mostrador. Por la puerta de atrás, la mamá y yo entramos a la vecindad, de escaleras típicas al centro del patio, lleno de tendederos, y subimos por ellas hasta la casa de la mujer. Una vez dentro me ofreció asiento en la sala, un vaso de refresco y empezó a platicar: “He estado pensando todo este rato cómo platicarte lo que sé, porque no estoy segura de cómo lo vayas a tomar; a lo mejor te burlas y ando yo perdiendo mi tiempo”, dijo palabras más, palabras menos. Y eso me intrigó más, porque percibí que no se trataba de algo conocido, sino de algo –y muy grueso- por conocer. “Bueno, no podremos saber si me voy a burlar o lo voy a tomar en serio, si antes no sé de qué se trata. ¿Qué me quiere decir?”, le pregunté. Y lo que ocurrió enseguida fue un detallado relato que, lo confieso, al principio no lo creí: Ella practicaba una especie de yoga que le permitía “salirse” en espíritu de su cuerpo y viajar –viajes astrales- adonde quisiera.

LA COSA ES QUE…

Durante tres días, aquella mujer “veía”, mientras volaba su espíritu, a tres sujetos ensombrerados, de guardia frente a la tlapalería de sus víctimas. Compartí los detalles con mi “garganta profunda”, quien se apoyó en un discípulo de Sergio Jaubert en la PGJDF, para elaborar retratos hablados, y a la semana siguiente teníamos capturados y confesos, a los asesinos; qué tal.

 

 

 

 

 

 

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