COSA DE PRENSA

COSA DE PRENSA
  • El amanecer de los tiempos
  • Tremendo fraude Banpesca
  • Tragedias de la prensa roja

Javier Rodríguez Lozano

CDP-jrlAGUASCALIENTES, Ags., jueves 26 de mayo de 2016.- Hoy iniciamos un periodo vacacional de dos semanas, que no he disfrutado nunca. Por dos razones: o porque había mucho qué hacer o porque no había dinero. Siempre quise esperar un momento en que ambas condiciones se juntaran pero como eso nunca ocurrió hoy las forzamos. Por lo tanto suspendemos los temas políticos -creemos conocer ya los resultados pendientes- y hablaremos ahora de periodismo, al que arribé en un mes de mayo de 1966. De mi hemeroteca personal rescato un tema que creo que ha sido el más importante que he publicado en mi medio siglo de reportero. Empecemos: Era la noche de un domingo de diciembre de 1989 cuando sonó el teléfono de mi casa en Ejército Nacional de la colonia Anzures, a unos pasos de El Ángel. Acababa de llegar, había dejado la redacción de El Universal y entregado a mi jefe de Redacción, Mario Campa, mi nota de aquel día, sobre la quiebra técnica del Banco Nacional Pesquero y Portuario. Tomé el auricular, era la voz de mi jefe de Información, el periodista peruano Emilio Viale: “¿Javier? Acaban de estar con el jefe Juan Francisco Ealy, los secretarios de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, y de Hacienda, Pedro Aspe Armella. Tu investigación fue todo un éxito, pero vente para acá, a ti te toca escribir cómo terminó todo este desmadre”… Pero qué tal si nos vamos al principio. Me tomé largos 11 años para aprender periodismo, estudiando 25 horas al día y 13 meses al año. Mis maestros fueron Antonio “Indio” Velázquez y Rafael Arles Ramírez, luego tomaría el Curso de Periodismo de don Fernando Mora y sería la Escuela de Periodismo Carlos Septién García la que me aprobaría para ingresar a La Prensa el periódico que dice lo que otros callan, en 1977. Mi primera fuente fue la policiaca, mi primer cadáver a la vista el de un homosexual en la calle Naranjo de la colonia San Rafael. En casi una década de reportero policiaco creí haberlo visto todo (Aguascalientes me ha enseñado que no es así), como aquellas alfombras de muertos en las explosiones de San Juan Ixhuatepec de 1984 y los terremotos de 1985. Parecía que había tantas almas perdidas como en los grabados de Gustavo Doré o el Auschwitz de Ana Frank… Un domingo por la mañana de 1982 (las “vacas sagradas” de los periódicos de entonces no trabajaban tampoco los fines de semana) y eran mis días predilectos para sacar una buena nota y ocupar un lugar no solo en la primera plana, sino en la misma redacción del periódico). Entonces vivía en Icazbalceta de la colonia San Rafael.

LA COSA ES QUE…

Abordé mi auto y me fui a la Octava Delegación (agencia del Ministerio Público) en la colonia Narvarte. Al acercarme a la barandilla vi a una llorosa mujer que con palabras húmedas y entrecortadas, explicaba al oficial secretario el disgusto que había tenido con su marido. (Le sigo mañana); qué tal.

 

 

 

 

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